Alejandra Bueno es tabasqueña por adopción y por elección. Hace casi tres décadas llegó a una tierra que terminaría conquistándola con la intensidad de sus verdes, la abundancia de su agua, la fuerza de su sol y la riqueza de sus sabores.
En ese encuentro con el trópico húmedo descubrió también el fruto que cambiaría el rumbo de su vida: el cacao.
La primera vez que caminó por los senderos de Hacienda La Luz comprendió que hablar de Tabasco se convertiría en una de sus grandes ocupaciones. Comenzó dedicada a la comercialización de chocolates, pero su curiosidad la llevó más allá del producto terminado. Quiso conocer su origen, entender sus aromas, distinguir sus sabores y descubrir las historias contenidas en cada semilla. Así encontró su verdadera vocación como catadora de cacao y chocolate.
Una cata guiada por Alejandra es una vivencia de sabores y saberes de Tabasco y México.
Delicious La Guía
Una experiencia que permanece
Para Alejandra, una cata nunca se limita a probar diferentes chocolates. Es un espacio para reconocer las notas de la tierra, interpretar los ingredientes y comprender la relación que existe entre el fruto, el territorio y las personas que lo transforman.
En sus manos, la cata se convierte en una vivencia de sabores y saberes. Cada encuentro reúne historias centenarias, conocimientos sobre el cacao, anécdotas de la cocina mexicana y momentos entrañables con sabor a chocolate. Alejandra no solamente presenta un producto: crea una experiencia capaz de permanecer en la memoria de quienes la viven.




Su preparación y certificación internacional en cacao y chocolate fortalecieron un trabajo que, con el paso de los años, se transformó en una misión de vida: promover el valor del cacao y visibilizar toda la cadena que lo hace posible, desde quienes lo cultivan y cosechan hasta quienes lo fermentan, transforman y convierten en una de las expresiones gastronómicas más importantes de México.
Alejandra ha creado experiencias para encuentros empresariales, educativos, culturales y turísticos. Su trabajo la ha llevado a diferentes ciudades de México y también al extranjero. Entre sus participaciones más significativas se encuentran el Festival del Chocolate de Perugia, Italia, y la Feria Internacional de Turismo, FITUR, en España.
En cada escenario comparte una misma convicción: el cacao es el regalo de los dioses para la humanidad y el chocolate, una de las aportaciones más extraordinarias de México a la gastronomía mundial.
Cacao, identidad y abundancia
Pero el cacao es mucho más que un fruto tropical. Junto con el maíz, constituye uno de los pilares de nuestra cultura. Forma parte de una relación ancestral con la naturaleza y con el ecosistema biodiverso en el que se desarrolla. Ha sido alimento, bebida ceremonial, ingrediente fundamental de nuestra cocina y hasta moneda de intercambio durante siglos.
En Tabasco, la expresión “que caiga el cacao” sigue siendo un símbolo de prosperidad y abundancia. Alejandra la ha convertido en la firma de sus catas y en un deseo genuino: que cada persona que la escuche reconozca el verdadero valor del cacao y que todos los integrantes de su cadena productiva encuentren mejores oportunidades de desarrollo.
Porque detrás de cada chocolate existen manos campesinas, familias productoras, saberes transmitidos entre generaciones y una tierra generosa que merece ser reconocida.
Es imposible concebir Tabasco sin su cacao y su chocolate. También es imposible entender la riqueza gastronómica de México sin una cocina tabasqueña que encuentra en el cacao fino —con sus aromas profundos y sus notas a selva— una de sus expresiones más poderosas.
Eso es precisamente lo que Alejandra Bueno revela en cada encuentro: que el cacao se observa, se huele y se prueba, pero, por encima de todo, se siente.
Y cuando una cata logra despertar los sentidos, contar la historia de un territorio y reconocer a quienes trabajan la tierra, el chocolate deja de ser únicamente un alimento para convertirse en identidad, memoria y orgullo.